Menos tus ojos
Todo es oscuro
Menos tus ojos
Todo lejano
Todo pasado
Menos tus ojos
Azul de mar en calma
Calma azul del mundo
Menos tus ojos
Todo es invierno
Todo es tiempo
Perdido
Todo es búsqueda
Menos tus ojos.
Urge la caricia
Abismal // siniestra
Desde una entraña hacia ese otro espacio plural
Tibio
Descastado
Urge el beso
La silueta
Los pies desnudos
En ritmo de ola
Urge
Y la urgencia descansa
En el verso
Nota aclaratoria: es mi deber decir que hace algunas horas me encontré con este poema de Miguel Hernández:
(59)
Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro,
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.
No es fácil refutar este evidente plagio, pero, como nadie osó decirme nada (no creeré que ninguno de mis poquísmos, pero formados, lectores no se haya dado cuenta), aclararé algunas cuestiones que pueden servir de marco también conceptual para una (burda, pobre, todos esos adjetivos valen) teoría de las "influencias" literarias. No creo haber leído este poema recién ahora, seguramente lo conocí mucho antes y, es la única vuelta que le encuentro, quedó grabado en mi inconsciente, lo que hizo que, en alguno de mis ejercicios, emergiera como si yo (pobre de mí) lo hubiera elaborado, lo hubiera imaginado siquiera. Me pasó algo similar con un cuento: "La jaula", el cual se parece mucho (como un canto rodado a un diamante) a un cuento que, eso sí no olvido, leí sólo una vez en mi vida pero, mi memoria narrativa predomina sobre la poética, después de haber escrito aquel, y lo leí porque me avisaron que era igual, estoy hablando de "Una rosa para Emily" de W. Faulkner. Sí había leído algunos Faulkners, pero ese cuento no.
De todas formas, "Quién podrá condenarme...", dice Jorge Luís, sí he visto (he leído) ejemplos menos notables de todo esto de lo que hablo, citaré el último que, entre otras cosas, me deparó una discusión con una correctísima profesora de literatura incapaz de poner en tela de juicio a ningún escritor que publique en Alfaguara o Anagrama (eso tienen las editoriales con "A" sólo publican genios irrefutables), el caso es que, habiendo leído yo "El gaucho insufrible" comenté que era una pobre parodia de "El sur", del antecitado escritor (cómo estoy pa los neologismos eh) y que, aclarada por parte de su autor la intencionalidad del cuento, es decir a pesar de eso, no lograba nada, digámoslo académicamente, no lograba nada como la gente. También me pasó que hace unos días, en la nada menos que linda Feria del libro montevideana, tuve que bancarme a una señora leyendo un cuento que "retomaba" los días de encierro (y un diálogo con su conciencia, con su alter-ego, en fin), de Cervantes, antes de escribir el Quijote, y aquí se me disparan las ideas, ¡cuánta originalidad!, ya se me vienen a la cabeza tres cuentos, mucho más ilustres, que retoman la idea de ponerse en la piel del autor antes de publicar una gran obra. Por favor, ¿necesitamos volver a Cervantes?, si no hay ideas, ¿por qué no mejor dedicarse a leer y dejar a los que sí las tienen escribiendo libros? (no me pongo como un ejemplo de escritor puesto que por cada línea infeliz que escribo leo uno o dos libros). Podría citar a Cohelo (no se rasguen las vestiduras, lectores de best-sellers, no dejará de escribir porque yo lo enjuicie), y su gran novela El alquimista, frente a un cuento que, jeje, les toca a uds. descubrir.
Sirva esto como intento de redención.