jueves, 6 de junio de 2013

La violencia está en los otros.




La palabra de los actores educativos

Los niños y las maestras ubican la raíz de la violencia en el ámbito familiar; confluyen allí la ausencia de educación y la indiferencia por parte de los padres que en este trabajo también tienen voz como protagonistas.

“La familia y la escuela, los dos ámbitos principales de socialización de niños y adolescentes, han cambiado tanto en las últimas décadas al punto que «no se reconocen entre sí». La familia muchas veces no es ya el espacio en que una generación cuida a la otra y la escuela no logra colocar la norma legal y legítima en el corazón de su accionar, lo que pasa a ser ahora una tarea central, cuya ausencia constituye una nueva promesa incumplida. Los docentes son, en este contexto, «aventureros del cotidiano» cuyo desempeño laboral los pone en la línea de fuego del conflicto de tener que atender la destitución del sujeto. No se trata de ponerle un límite exterior a la violencia sino de «construir sujetos capaces de definir los límites de la propia violencia»”

La violencia está en los otros, es un intento de «contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública», de acuerdo, como se señala al comienzo, al artículo 2 de la Ley Orgánica de la Universidad de la República. Esta vez, el problema es la violencia en los ámbitos educativos uruguayos (aunque se tomó como referencia instituciones únicamente capitalinas).  El proyecto, según consta en la “Presentación” abarcó dos años, desde el 2010 en su fase de trabajo directo con los actores involucrados, hasta el 2011 en la preparación del texto final que ahora recibimos en formato libro.
En pocas ocasiones se ha abordado, hasta el momento, la temática de la educación uruguaya pública actual, desde un enfoque científico. Abundan las interpretaciones políticas, las frases hechas, las buenas (y también de las otras) intenciones de los educadores, las menciones y pseudo preocupaciones de los presentadores televisivos de turno y, para quienes las quieran o las puedan oír, las muchas veces radicales y lapidarias sentencias de los alumnos y padres.
Desde el comienzo, la lectura y posterior reflexión sobre las conclusiones a las que van arribando los investigadores, suponen la incorporación de aportes importantes desde la teoría hasta el testimonio directo de los actores de la realidad educativa en nuestro país.
Los abismos aparentemente insalvables entre los educadores y los estudiantes, el mundo fragilizado e infantilizado de los adultos, las contradicciones manifiestas desde los distintos estamentos del sistema con respecto al tratamiento de las cuestiones disciplinarias, los discursos mediáticos, son temas tratados sin condescendencias ni preconceptos. Las conclusiones a las que arriban los investigadores se validan a partir de los puntos de encuentro, las coincidencias de los datos obtenidos a partir de las entrevistas en relación con un enfoque teórico acorde al tema o los temas tratados.
La violencia está en los otros no es un libro con recetas, es un estado de situación, una presentación de problemas con sus respectivas conclusiones a pensar y discutir. Es un trabajo serio y ameno, sin exceso de tecnicismos, que apunta a gente que le interese pensar en el problema más allá de lo que sabe de oídas.

GIORGI, Víctor., KAPLÚN, Gabriel, MORÁS., Luis Eduardo. (org.) La violencia está en los otros.La palabra de los actores educativos. Trilce, Montevideo, 2012.


lunes, 22 de abril de 2013

El ojo del espejo, en literatosis.com

Comparto con mis amigos del blog una nueva iniciativa literaria que tendrá tres sucedáneos: radio, web y papel.
Dejo el vínculo a un cuento de mi autoría "El ojo del espejo", publicado allí.
http://literatosis.com/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=459:el-ojo-del-espejo&catid=44:narrative&Itemid=519

sábado, 13 de abril de 2013

Rara Avis, vida y obra de Susana Soca, por Claudia Amengual


La escritora e investigadora Claudia Amengual (Montevideo, 1969), presentó en el correr del año 2012 su trabajo sobre la vida y obra de Susana Soca. Trabajo que le sirvió como tesis de maestría para la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, pero que luego convirtió en un ensayo biográfico en formato libro. Al respecto, Amengual, hace una interesante aclaración al comienzo: «El disgusto por la biografía novelada nace tanto de mi condición de escritora como de lectora. Ese difuso límite entre realidad y ficción me produce bastante recelo. [...] En el caso del ensayo está el respaldo de los documentos y eso supone una tranquilidad.» (p. 16-17)
¿Quién fue Susana Soca?
Esta pregunta se responde con creces si uno logra interesarse en primer lugar, y durante casi cien páginas, por la figura del Doctor Franciso Soca, su padre, que, aunque no es una figura menor, no es lo que propone el título del trabajo. Amengual parece advertir ese desliz recién el página 83 del libro: «La amplitud de la figura de Francisco Soca es materia para otro libro. Fue tan vasta su actividad en el campo de la medicina y en la política que apenas hemos intentado aproximarnos a grandes rasgos que permitan definir su perfil». Sorteadas estas páginas, y agradeciendo que la autora no dedicara otras tantas a la madre de Susana, nos contraremos con una exahustiva investigación sobre la figura de esta mujer.
El trabajo que contiene este libro es sin duda de un gran valor, en ocasiones, generalmente después de un detallado recorrido por los datos, Amengual resume de forma clara lo que se ha estado desarrollando, tal es el caso, por ejemplo, de aquello que atañe a lo íntimo de Soca, esa mujer rica que volcó su vida a las letras, generalmente de los demás: «No sabemos cuánto preservó de miradas indiscretas en esa cápsula inexpugnable que era su intimidad, pero sí podemos aseverar que si acaso hubo un amor en la vida de Susana, ese amor fue la cultura en todas sus formas y su aplicación humanista, un amor al que se consagró hasta que, demasiado temprano, la sorprendió la muerte» (p. 161). Amengual reconstruye el itinerario vital de Soca, siguiendo sus pasos desde Montevideo hasta París, por citar dos de las ciudades, aunque no las únicas, que más gozaron de su presencia, y teje una fina red de afinidades que formaron parte de ese itineriario. Un buen resumen de esto se presenta cuando la investigadora transcribe la lista de los avisos contratados por Emilio Oribe tras el fallecimiento de la intelectual uruguaya, a modo de ejemplo podemos citar a: Jules Supervielle, Albert Camus, Roger Caillois, Juana de Ibarbourou, Guillermo de Torre, Felisberto Hernández, entre muchos otros. (p. 95).
Uno de los temas quizás más interesantes por ser aquel al que se apela cuando se tienen vagas referencias sobre Susana Soca, esa impulsora tenaz de la revista franco-española Cahiers de La Licorne (1947-48) y su réplica uruguaya Entregas de La Licorne (1953-61), es la posible pugna entre ella y Victoria Ocampo, intelectual argentina que, entre otras cosas, fundó la revista Sur (1931-92) que cobijó a una gran falange de escritores entre los que se encontraba Jorge Luis Borges. Sobre esto Amengual escribe: «Después de leer el homenaje de Victoria [tras la muerte de la uruguaya] y la postal de Susana, la manida hipótesis de la rivalidad entre las dos mujeres –llevada por algunos a los extremos de la envidia y el odio– parece quedar reducida a una competencia elegante y a una complicidad respetuosa que, quién sabe, si el tiempo lo hubiera permitido, se habría potenciado para el bien de la cultura.» (p. 194).
El trabajo de Amengual culmina con un análisis crítico de la obra de Soca donde expone temas centrales en su poesía: «...es posible rescatar algunos motivos que se repiten [...]. De los que he encontrado, citaré algunos que me parecen los más relevantes para guiarnos hacia las preocupaciones de Susana. Ellos son: el mar y los ríos, el muro (o tapia), la memoria, el aire, la ausencia, las cosas, el sueño, la resina y las plantas en general...» (p. 497). También se establecen relaciones biográficas entre vida y obra. Y encontramos, además, una perspectiva sobre su prosa donde, la investigadora, no duda en resaltar tanto las luces como las sombras de una escritora que casi ha pasado al olvido como tal: «Si fuera necesario forzar alguna apreciación negativa, quizás sería esa falta de intención programática en el sentido académico que conduce a una colección un poco despareja y solo unida por los deseos y la voluntad de Susana.» (p. 472).
Susana Soca nació en Montevideo el 19 de julio de 1906 y fue bautizada en la Catedral de Notre-Dame de París. Falleció el día 11 de enero de 1959 en el Aeropuerto del Galeão, Río de Janeiro, en un accidente aéreo.
AMENGUAL, Claudia. Rara avis. Vida y obra de Susana Soca. Taurus, Montevideo, 2012.







jueves, 21 de febrero de 2013

Vacío, nombre de una carne, de Eduardo Milán

En el principio fue el título.
¿Qué nos ofrece Milán? ¿Una disyuntiva antipoética entre el ser y la nada, un corte de carne profundamente material y mal necesario contra ese vacío que de solo evocarlo llena de significados, una broma metafísica?

No. Milán nos ofrece una baja factura poética sumada a una ausencia (¿premeditada?) de contenido. La lectura de este libro se vuelve tediosa después del descubrimiento de un mecanismo de antipoesía demasiado complicado, no complejo sino complicado. Muchos poemas parecen ejercicios donde se llega a ser complejo a fuer de oscuro sin lograr nunca, o casi nunca, al menos una tenue comunicación. Es tan difícil establecer algún vínculo, alguna empatía con versos como:

«también el poema debe ser liberado

liberado del pozo de sí mismo

al que cae asomado al asombro

de verse

 

cualquier poema, liberado

Faray un vers de dreyt nien

Paterson, So much depends

Perch’i’ no spero di tornar giammai

ballatetta

In Toscana

Antipoemas, Cantares, Trilce

 

nada menos feliz que un sin afecto

sin, otra vez, el amparo natural

bañados, el crepúsculo al fin rojo

el cuerpo inmediato del amor

nada más que un poema infeliz

[…]» (pág. 15)

 

A excepción de la primera estrofa todo lo demás parece corresponder a un desaire que propiciara Borges, hace ya unos cuantos años, con respecto a una innovación que ya había dejado de ser tal, «Una de las coqueterías literarias de nuestro tiempo es la metódica y ansiosa elaboración de obras de apariencia caótica. Simular el desorden, construir difícilmente un caos, usar la inteligencia para obtener los efectos de la casualidad…» (De la Vida Literaria).

Sabemos que este libro de Milán estuvo dentro de los ternados, en la feria del libro, por la Cámara Uruguaya del Libro y que el mismo autor ha construido una sólida reputación de poeta con sus entregas anteriores pero, de todas formas, esta sigue pereciéndonos de difícil acceso y tediosa lectura. Quizás el poema de más sostenido aliento sea el de la página 77, cuyo comienzo sin rebusques ni ornamentos marca el tono elevado, dentro de una acordada antipoesía, que rige los versos hasta el final y que lo convierte en una pieza de consistente reciedumbre poética que, a su vez, parece establecer un digno juego de espejos donde el propio autor se autocuestiona:

«yo sé que vos sos Nicanor Parra

pero vos no sos Nicanor Parra, loco»

 
Se hace difícil decir más y, tal vez, no sea necesario, para muestra basta un botón.

(MILAN, Eduardo. Vacío, nombre de una carne. HUM, Montevideo, 2010)

sábado, 22 de diciembre de 2012

Zafarrancho [no tan] solo, de Cristina Carneiro


De vez en cuando conviene detenerse, mirar hacia atrás, pero no hacia ese atrás que te señalan algunos, sino hacia donde pocos se dirigen. De vez en cuando, se encuentran cosas que estaban olvidadas o esperando nuevas visiones. Quizás, al menos para mí, el libro Zafarrancho solo, de Cristina Carneiro pueda ser un ejemplo de esto.

Hace cuatro años, entre los libros “rescatados” por la editoral Yaugurú, apareció en las librerías Zafarrancho solo, con una nota de su editor, Gustavo Wojciechowski, pero, de todas formas, su autora parece seguir siendo, sin merecerlo, una ilustre desconocida.

Breve historia. Este libro, según se hace constar en su primera edición, ganó el primer premio en la 7a. Feria Nacional de Libros y Grabados, con un jurado integrado por Ida Vitale, José Carlos Álvarez y Washington Benavidez. Esta feria, llevada adelante por Nancy Bacelo y cuyos antecedentes datan de 1958, supuso un importante impulso de difusión a partir de 1961, fecha en la que se comienza a entregar Premios. Es así que, el premio y la edición de diciembre de 1967, le corresponde a esa joven montevideana de 19 años que era Cristina Carneiro (31/10/1948). La pequeña historia de este libro continúa porque, hacia 1969, se publica una segunda edición que pocos consignan, idéntica en cuanto a su contenido y arte de tapa, pero con una reducción en lo que respecta al formato. De un libro de 14,5 por 19,5 centímetros, se pasa a uno de 13 por 16,5. Desde ese momento, hasta esta 3a edición de Yaugurú, «esa mezcla de estallido y silencio convirtió a Zafarrancho solo en un libro de culto, inencontrable desde hace años», según comenta Roberto Apratto (“Poesía de Garet y Carneiro. Al rescate”, en El País Cultural, 31/1/09). Tal como sucede con algunos escritores particulares, salvando distancias podríamos pensar en Edgar Lee Master, el caso de Carneiro es de esos que quedan prendidos al nombre de un libro. Puedo imaginar que, en 1975, tras la aparición de su segundo título, Libro de imprecaciones, más de un lector sintió que ya estaba leyendo a otra poeta, casi completamente diferente.

¿Qué tiene Zafarrancho solo?

Zafarrancho solo tiene, como lo dicen sus subtítulos: de todo, desamparo, chifladuras, y chau. Cabe preguntarse si es, realmente, haciendo honor a su título, un ordenamiento de la embarcación (la autora se entreveía partiendo hacia el mar de la poesía: «salimos en expedición tunante/ de tres carabelas hipocampas»), o, siguiendo otra de las acepciones del término “zafarrancho”, nada más que relajo, en el sentido más criollo de la palabra. Lo que no deja lugar a dudas es la condición de soledad implicada en este título. Soledad que se resuelve muchas veces a lo largo de la obra a través de la acumulación de elementos, de algún «catálogo del asombro» que la poeta despliega pero que, muchas veces, como dice Joaquín Sabina: «calla más de lo que dice/ pero dice la verdad». Impronta poética esta, la del catálogo, que luego, entre 1992 y 2003, retomaría Aldo Mazzucchelli, para abrir su libro Wysiwyg, de 2004.

¿Qué dice Zafarrancho solo?

En este libro Carneiro se nos presenta como una poeta que trasunta vitalidad, ganas de ver a lo niño, de entender el mundo desde la sencilla construción arbitraria de las relaciones que tienen entre sí las cosas. Poeta juguetona del verso y sus aspectos fónicos, poco casual, más bien muy seria en sus picardías infantiles cuando comprueba que un gato puede aparecérsenos «agazapado/ (o agatapado, o agazarpado, o agatado,/ o simplemente gato, no me interrumpas.)».

En más de una ocasión el encuentro entre el juego y la poesía se logra cuando la poeta parece forzar la resemantización de los sustantivos, en un trabajo continuo de aposición, eliminando, muchas veces la dificultad de la adjetivación, «de vez en cuando tengo un miedo golondrina», «tengo un miedo sanbernardo», «un miedo mermelada».

En gran medida, este libro, encarna un ideal de voz poética vital, joven, entusiasta, desinhibida. Recomendable absolutamente para aquellos lectores ávidos de voces que toman la poesía como un trabajo de construcción, pero también, y quizás muy especialmente, para los que comienzan a escribir y buscan sondear hasta qué punto puede ser flexible el lenguaje y cómo, a través de determinados mecanismos, pueden lograrse verdaderas obras de arte.

Carneiro se encuentra radicada, desde hace muchos años, en Inglaterra y, según pude averiguar, planea, hace ya otros tantos, la edición de su tercer poemario que (agradable noticia), saldría en Uruguay.

 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Es conveniente hacerlo cada día. Usted dirá.


 

Desautomatizarse es mirar en interior, es pasarse las manos por la cara por primera vez, es ver que las puntas de las hojas de las plantas de toda la casa parecen indicar algo y lo indican, de verdad lo indican. Desautomatizarse es creer que se puede mirar para afuera cuando ya estamos afuera. Es mirar la lapicera y ver escritos tres tomos de la próxima novela o escuchar una canción de Sabina en los auriculares allá, arriba de la mesita de luz que en realidad siempre fue de madera. Desautomatizarse en la propia habitación, desautomatizarse hasta los poros, entre las pausas, antes de ir al baño y después de cada comida. Desautomatizarse hasta cuando nos estamos desautomatizando. Ufff, desautomatizarse es recordar cuánto nos habremos desautomatizado vos y yo. Hasta caer exhaustos, hasta el paroxismo, hasta el recambio de energías, hasta la próxima escena y, mientras tanto, la estufa tiene una carpeta blanca de croché que la vuelve un perfecto samurái butano. Los libros palidecen y se lamentan de mi falta del tiempo. Las plantas, una a una se van retirando a regiones más altas y la puerta de entrada muestra esas cicatrices de las tantas visitas. El techo despliega sus alas de humedad y se descascara de a poco como un televisor viejo que nadie usa, se descascara y me mira como solo pueden mirar los techos.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Nuevas instrucciones sobre el miedo




 Suelo tender la cama siempre después de levantarme. En mi antiguo apartamento, en el barrio Goes, siempre que regresaba de trabajar, y por más lisa que hubiera dejado las frazadas, encontraba una mano pequeña marcada en el espacio de mi cara.

***

Una hermosa mujer está sentada en un banco de nuestra principal plaza. Parece impaciente, tal vez espera a alguien. Es delicada y su piel se eriza con el más leve arañar de la brisa. Cuando cree que nadie la observa se escarba la nariz, saca bolitas blancas como de pan y se las da de comer a las palomas.

***

Alguien está leyendo un blog, quizás usted mismo que está leyendo este. Descubre entonces que las letras son las mismas que escribió hace un tiempo atrás en una vieja libreta escolar. Va a revisar cajones y viejos papeles, pregunta, se extraña y sigue buscando. No logra encontrar nada y cada vez recuerda con más claridad que fue esto mismo lo que escribió.