lunes, 9 de junio de 2008

Complicidad lunar

Complicidad lunar

La noche devoró su figura como el río desbordado borra las orillas, arrasa los nombres que algunos escribieron y deja la arena limpia para que otros vuelvan a grabarla.

…Nuestras son las horas de los que pierden el tiempo, nuestras las complacencias y los desmanes, nuestra la carne que no nos alimenta, nuestras las súplicas de todos los demás, nuestras las penas llenas de gozo...

La noche se parecía a cualquier noche. Ella también se parecía a cualquiera. Caminó rápido, como se debe caminar a esas horas por Ejido al 21. ¿Para qué decir que sus pasos retumbaban en la vereda? Sentía sed, producto del pánico tal vez, no del cansancio. Por ser la primera vez había soportado bastante bien. Ahora entendía y le sonaba lejano eso del amor al arte. Las que lo hacen por amor al arte de seguro no cobran. Todavía le sonaban en la cabeza fragmentos de las palabras que, frente a ellas, había recitado como un rezo toda la noche la patrona.

…Somos el descanso del héroe y del que perdió la batalla. Somos la sal del mundo y su pimienta. Somos las madres de los que no tienen madre. El refugio cálido del perseguido y la ventaja que da el perseguidor…

Todo esto lo decía desde un sillón grasoso y agujereado a no dar más. Con una libreta en su mano izquierda en la cual anotaba cuál estaba ocupada y cuál no en la gran casa. Se sonrió al recodar lo que le habían contado las otras, sus compañeras. Quién iba a creer que la patrona, esa, alguna vez había sido poeta. Es cierto que las poetas dicen cosas extrañas pero esta deliraba, las poetas están para otra cosa, esta contaba muy bien la plata.
Tropezó con dos borrachos a quienes no despertarían ni su queja ni el sol del mediodía. Un ómnibus pasó veloz por su lado y se detuvo para que alguien bajara. Corrió hasta la parada y alcanzó a subir cuando comenzaba a marchar. El chofer parecía una estatua en su puesto, el guarda, mientras le cobraba, achicó los ojos, apretó los labios y, de seguro, fantaseó con que el coche estuviese vacío y en un lugar oscuro. Ella se sentó muy atrás y evitó su mirada. Estaba con sed y el gusto del látex se le pegaba al paladar y al recuerdo. Era la primera vez, le dijeron, ya se iría acostumbrando. Buscó a través de la ventana y por entre los edificios la luna, esa cómplice muda, y pensó en todo lo que alguna vez había soñado para sí.


…Somos la caída del hombre. Con nosotras acaba su poder. Sabemos del hombre exhausto, del hombre que entregaría con alegría su garganta al filo de un puñal en el momento del goce supremo. Somos en silencio lo que otras gritan. Somos las que oprimimos estando abajo. Somos el pueblo, el nacimiento y la muerte de la civilización…

Se bajó una parada antes. Necesitaba olvidar y verse a sí misma llegando a su casa, a eso que podía llamar casa. Pensó que lo que traía hoy en la cartera le aliviaría a ella la conciencia y a sus hijos el hambre. Pensó que debía sentirse bien, que debía dormir junto a ellos y descansar. Encendió el último cigarrillo de la noche. El humo se le trancó en la garganta. Había fumado un paquete y medio en diez horas, ella, que nunca pasaba de los dos o tres por día. Lo tiró sin lástima luego de la segunda pitada.

…Tenemos el poder de estar sobre cualquiera, el obrero, el patrón, el intendente y el de más arriba. Tenemos el pueblo entre las piernas y nunca nadie quiso deshacerse de nosotras. Gobernamos desde un tugurio rosicler y cuando gobernamos hacemos lo que se tiene que hacer, satisfacer al hombre y darle un respiro a su mujer.

Un segundo ante su puerta le bastó para recordar las únicas palabras de la patrona que le parecieron coherentes, las palabras con las que la había despedido, mirando hacia abajo sin soltarle las manos, después de darle el porcentaje de esa noche.

Quien perdona es digno, cura, emprende un nuevo viaje. Quien perdona alivia, compensa, abre puertas, crea. Quien perdona vive y comprende. Es cierto que perdonar es divino, sobre todo cuando los perdonados somos nosotros mismos.

Abrió la puerta entonces con más satisfacción que aquel que llega todos los días con el pan debajo del brazo. Tanteó el silencio y llamó en voz baja. No hubo respuesta. Revisó el cuarto que compartía con sus hijos y no encontró a ninguno. Ya desesperada revisó el poco resto de casa que quedaba por repasar. Sobre la mesa una nota, que había pasado por alto, con una conocida letra desprolija y apurada le avisaba: “Martin esta internado. Johana en casa”

11 comentarios:

sabinitus dijo...

Juank: sorprendente el juego de palabras, la musicalidad lograda en tus versos. Logras una incorporación de imágenes increíbles. FELICITACIONES!!.Beso grande, Sabine

elrafa dijo...

Este cuento cada vez me parece mejor juan. Quizás pueda ampliarse un poquito más la historia sobre la madame...introducir algún flashback sobre ella recitando versos en alguna situación que termine de justificarla, algo que colaboré a su verosimilitud, o al revés, a lo que ya tiene de grotesco...siempre te jorobo con esto, perdón, pero me quedo con ganas de que amplíes cosas...a veces los cuentos "acaban" demasiado rápido, quizás este concepto no sea muy feliz teniendo en cuenta el argumento...
Rafael

Juank dijo...

¿Sabinitus?
En fin, lo gracioso del nombre no impide que recuerde que detrás hay una gran literata que todavía se resiste a serlo del todo.
Gracias por tus palabras y por dejar tu comentario.
"En el camino estamos..." dice un personaje de Morosoli.

Juank dijo...

Rafael: dijo una vez el señor Benavídez, "no le pidas peras al olmo y menos si es un manzano"
es todo lo que mi neurona adormilada puede dar, y más tratándose de un tema tan... en fin, dejémoslo así, interruptus...
Pero en fin, como tus consejos realmente son muy válidos, veré qué hago.
A ver qué sale, dijo la partera...
Un abrazo y nos vemos.

silvia dijo...

REALMENTE TE FELICITO, CADA DIA ME GUSTA MAS LEER, LO Q CON TANTO AMOR SE NOTA ESCRIBIS. COMO SIEMPRE TE DESEO LO MEJOR. BESOS SIL

Anónimo dijo...

excelente la historia, esta escrito con tal sutileza y describe tan cada una de las sensaciones, que hace que uno se sienta parte de la misma. FELICITACIONES

Juank dijo...

don anónimo: muchas gracias por su aliento, es una lástima no saber a quién se agradece pero en fin...
No sé si logro tanto pero es el intento...
Un abrazo

Juank dijo...

¿GRACIACÉSAR? No estoy entendiendo nada. de todas formas tengo mail, ahí puede usted econtrarme.
perdón por la demora, no reviso mucho las cosas que publiqué hace tiempo.

Juank dijo...

Silvia: tan tarde como nunca, pero respondo.
Miles de gracias por tu comentario, sé que preferís no hacerlos porque no te considerás a la altura, no sabría decir a la altura de qué, pero es tan válida como las otras tu opinión y, además, me deja contento.
Un beso muy grande y espero seguir contando con tus comentarios subjetivos.

marcia_flaca94 dijo...

juank ss lo mas loco nunk kmbies t kieo musho la alumna mas psada marcia

Juank dijo...

Marcia: muchas gracias, no sé si debo agradecer también por lo de "loco" pero bueno, gracias también, aunque cambiar trataré de cambiar porque de lo contrario se aburrirán mis lectores más de lo habitual...
Espero que revises el blog, leas y comentes. Sos bienvenida.
Saludos y a tus órdenes.