viernes, 26 de diciembre de 2008

La aldea de los dioses

La aldea de los dioses

Río porque no existen plumas de acero. Mi padre habla de un pájaro de metal. Mi padre salió a cazar a la hora que se esconde el jaguareté y me contó que, donde el río de las piedras se encuentra con el río de arena, se puede ver, del otro lado, una aldea enorme, mucho más grande que la nuestra y sobre ella vuelan pájaros de acero. Nadie se atreve a ir. Mi padre dice que es la aldea de los dioses porque las chozas son más altas que los árboles y sus botes navegan sin remos sobre el río de arena. Dice que el cielo es gris, no celeste brillante como el nuestro. Mi padre me dijo que no había visto ningún hombre del otro lado, así que por eso está seguro que es una aldea de dioses.
Yo me río cuando me cuenta lo de los pájaros. Los nuestros no brillan tanto como el sol, son de muchos colores pero no brillan.
Mi padre llegó con la noticia de la aldea de los dioses así que lo dejaron hablar primero entre los más viejos y la dieron el honor de cumplir con las ofrendas.
Madre no quiso venir porque no estaba contenta.
Ahora mi hermana se aleja en la canoa hacia la aldea de los dioses. Mi padre está serio. Estuvo así durante toda la ceremonia y no se movió de su lugar cuando los ancianos llenaron la canoa de monedas de oro y sacrificaron a mi hermana para ofrenda de los dioses.

4 comentarios:

Mariana Alvez Guerra dijo...

Que buena historia, siempre es agradable disfrutar de tanto talento.

Espero que esta año sigas escribiendo tan hermoso como lo haces.

Quiero aprovechar mi visita para invitarte a conocer mi nuevo blog literario. TE ENVIO UN ABRAZO

Nos leemos pronto.

http://gymbrainstorming.blogspot.com/

Mariana Alvez Guerra dijo...

Vine a buscar mas material pero te me has puesto un tanto perezoso, jaja, espero con ansias tu nueva historia, nos leemos pronto.

Dani dijo...

Eso significa ser un buen narrador, hallar el difícil equilibrio entre el perfecto dominio de la técnica y el vuelo de la imaginación en su medida justa, de manera que una historia inverosímil no caiga en el desvarío y mueva la sensibilidad del lector. Por eso es lindo leerte.

Juank dijo...

Daniela: qué agradables son los halagos y qué fácil nos acostumbramos a ellos. “la alabanza es el más dulce de los sonidos” dice Jenofonte, pero también recuerdo “cubre de oro las alas de un pájaro y nunca más volará al cielo” que no sé de quién es.
En fin, muchas citas por hoy.
Creo que es un poco exagerando el “perfecto dominio de la técnica y el vuelo de la imaginación”. Sí intenté que la historia no cayera justamente en el desvarío, quizás lo haya logrado.
De todas formas sé que usted es capaz de críticas que no tiendan solamente al elogio. Hágalas por favor, por el bien de mis alas…
Siempre es un placer para mí.
Un gran abrazo.