Flores de Baldío, Trilce, noviembre de 2011, representa la segunda
aparición literaria de José Fonseca, la primera fue Sucios (novela), Primer Premio en Narrativa de la Intendencia
Municipal de Montevideo, edición 2009, publicada luego por Trilce.
Esta vez, Fonseca, se decide por
el cuento, con un total de 23. En general relatos breves y de temática
suburbial, de orilla o margen que casi nunca es apacible. Si algo se destaca de
este libro es la capacidad de girar en torno a distintos personajes que, a
fuerza de convivir en un mismo ambiente, se convierten casi en uno solo. No se
llega al estereotipo de la prostituta, pero se presentan algunas que, de forma
tácita, se vuelven una sola. Tampoco se construye (en el mismo sentido
tipológico) un ladrón o un macró, o un casal de niños abandonados por sus
padres, pero la repetición de estos personajes los uniformiza, los vuelve uno
en ese barro de baldío que parece conformar la materia prima con la cual el
escritor trabaja.
Del estilo puede decirse que se
nota el trabajo, el intento de reproducir algunos sociolectos que discriminan,
es decir que marcan diferencias. Además del marcado interés por reproducir un
lenguaje, una forma de hablar, hallamos atisbos de poesía, como esta imagen de
la luna que cierra el cuento cuya protagonista, una prostituta que, aunque
vaticinando con sus miedos alguna calamidad, ha tenido que dejar a sus hijos
solos en la casa para conseguir el sustento: «“Ta”, dice el tipo y la suelta de golpe. Ella levanta la cabeza y ve la
luna en el fondo de la calle, a una cuarta del piso, ocupando el centro del
vidrio trasero del auto. Tiene sombras verdes y naranjas, y parece una cometa
colgada de un cable.» (“Luna llena”), o el inicio del cuento que cierra el
libro: «Al final anoche murió María. Se
apagó sin que nadie lo notara, como un reloj que se queda sin cuerda.» (“La
vieja María). Sin patetismo, sin falsas ambigüedades que intenten connotar algo
más que no sea violencia y cruda realidad, estos relatos pueden conmover por la
veracidad del argumento, aunque no más que eso.
Por último, vale decir que
Fonseca logra reproducir un topos, un continente de objeto, a través del
objeto. Algo así como recrear el lugar a través de los personajes que lo ocupan
y no partiendo de la descripción. Esto es, si se quiere, un logro importante.
FONSECA, José. Flores de baldío. Montevideo, Trilce,
2011.
[Publicado en Diario El Pueblo, de Salto, 1/07/12 ]
[Publicado en Diario El Pueblo, de Salto, 1/07/12 ]
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