viernes, 16 de agosto de 2013

El jorobado de las alas enormes, de Horacio Cavallo.




Literatura infantil o Literatura, esa es la cuestión.

—¿Les han cortado la cabeza?  ­—gritó la Reina.
—¡No ha quedado ni rastro, con la venia de Su Majestad! —gritaron como respuesta los soldados.
Lewis Carrol

El título de la obra en cuestión puede recordarnos rápidamente un relato ejemplar del maestro García Márquez, incluso también pueden hacerlo un par de elementos importantes en el libro, como ese circo ambulante con un ser despiadado que explota a sus empleados hasta que caen exhaustos. Pero la relación más cercana puede darse por el lado de la imaginación porque esta breve novela infantil, o juvenil (la catalogación la exige quizás más el mercado que este lector), es en gran medida un desborde de esta, sin que se vea afectado el eje de la historia. Al fin y al cabo, la literatura infantil rara vez se escribe como tal, son los niños los que la aceptan o rechazan, recordando y repitiendo algunos libros y olvidando otros. No podemos olvidar que se han ido incorporando al acervo de esta literatura (sin dejar de ser parte de la “otra”), obras que no suponían ni remotamente este destino, podríamos citar solo a modo de ejemplo, desde el Panchatantra (India, siglo VI) hasta Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift, 1726).
Pero volvamos al libro de Cavallo, el disparador es común, un abuelo recrea o inventa historias para su nieto cada noche. Pero a este suceso lo precede la historia de ese nieto que ha sido enviado al campo de sus abuelos pues su madre está peligrosamente enferma, sin mayores aclaraciones sobre su condición. De este modo Cavallo entronca una temática seria y dramática, la sugerida posibilidad de una pérdida, con la simpática historia de su abuelo y Piccato, el alado poeta jorobado, en busca de una cautiva Ludmila, la bailarina con la pata de palo. La historia va acompañada además de ilustraciones muy sobrias a cargo de Pantana (Sebastián Pantana), que encabezan cada uno de los dieciocho capítulos de la nouvelle.
Valores éticos y estéticos puede exigírsele, tal vez, a la buena literatura infantil, aunque no siempre se logre equilibrarlos. En este sentido, es probable que el lector atento encuentre mucho más de lo segundo en esta obra pues, en ochenta y seis páginas, el multipremiado Horacio Cavallo (Primer premio en el Concurso Anual de Literatura del MEC, 2006, Premio Municipal, 2007, Fondos Concursables, 2009 y 2011), parece ratificar ante todo su condición de poeta. Aunque, como todo buen poeta puede, de vez en cuando, darse unos lujos y este es, quizás, uno de ellos.
CAVALLO, Horacio. El jorobado de las alas enormes. Trilce, Montevideo, 2012. (Publicado en diario El Pueblo, de Salto, jueves 8 de agosto de 2013)

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