martes, 28 de diciembre de 2010

Entrevista a Rafael Fernández Pimienta, poesía sin prisiones


Rafael Fernández Pimienta, escritor uruguayo, nació en 1978 en la ciudad de Montenegro, estado de Río Grande do Sul, Brasil. Es uruguayo por ser hijo de orientales. Ha publicado sus poemas en revistas de la capital y el interior del país. Organizó el encuentro de poetas y músicos “Palabras perdidas”, en 2004. Publicó en 2004 el libro Las formas del olvido, Ed. Artefato. Forma parte de la antología Poetas De Las Dos Orillas, Ed. Botella al mar, 2009. Su último libro Mujer con fondo de agua fue presentado en Salto en el mes de octubre y en Montevideo en noviembre.


¿Por qué se presentó Mujer con fondo de agua, primero en Salto y qué repercusiones tuvo?

Las razones son múltiples: en primer lugar un par de amigos y colegas (tanto de escritura como de docencia), me invitaron a realizar la presentación en esa ciudad. Segundo, las pocas veces que visité Salto la pasé muy bien y uno siempre quiere estar en aquellos lugares donde es feliz. Tercero, ¿por qué Montevideo tiene que estar en primer lugar? Después de todo, si bien yo desarrollo mis actividades más importantes en la capital, vivo al margen de ella, resido (y he residido desde que tengo memoria), en una zona semirural, en las cercanías del Aeropuerto de Carrasco. Por lo tanto, no tengo ninguna superstición citadina.
En cuanto a las repercusiones, estas han sido muy positivas. La presentación la realizamos en la sala de actos del Centro Regional de Profesores, digo realizamos porque de la misma participaron el músico y docente Esteban Ibarra, quien musicalizó con su saxo la lectura de mis poemas, y dos profesores y escritores salteños. Tuvimos un público que básicamente se está formando en esto de ensayar interpretaciones sobre lo literario y de intentar transmitir el gusto por esta tarea, por lo que el intercambio fue muy valioso para mí. Tuve el honor de que asistiera el académico Leonardo Garet quien me hizo unos aportes muy valiosos en cuanto a la reflexión de mi propio proceso creativo, esas cosas que uno deja de ver por costumbre y que corren el riesgo de convertirse en muletillas. En definitiva, una experiencia que aportó muchísimo en lo emocional, en lo académico y en lo creativo, por lo menos en lo que a este poeta respecta. En cuanto a los salteños, ellos mismos deberían responder si pudimos aportar algo.

¿Hay grandes cambios del primer al segundo libro?

Claro que sí, tantos como los hay de mí a mí mismo, es decir, tantos como la distancia que va desde el Rafael Fernández de 2004 al Rafael Fernández de 2009. Cinco años equivalen a una sumatoria de experiencias de las que es imposible sustraerse. Las ideas, las emociones, las piernas, las lecturas no se han quedado quietas, entonces, por qué habría de hacerlo la escritura. Si uno es consciente del devenir del tiempo y de que uno deviene con él, no puede escribir de la misma manera en la que lo hizo, porque sencillamente uno no es el mismo. Este asunto de los heterónimos es mucho más natural de lo que Pessoa suponía.


Por lo anterior infiero que tu escritura es autobiográfica.

Concluís bien, aunque es una conclusión que debiera generalizar a todos los escritores. No hay escritura que no sea autobiográfica. Estamos pasando parte de nuestra vida mientras estamos escribiendo, es gran parte de nuestro tiempo. La escritura es un punto donde tiempo y espacio se cruzan y en el que depositamos, por un instante, lo que somos o lo que buscamos ser, que en el caso del ser humano es lo mismo (por lo menos desde mi concepción existencialista). Lo que somos es una constante búsqueda de una definición que nunca alcanzamos. El soy siempre está un paso más adelante y la poesía, el arte, y todo lo que hacemos en general tratan de llenar ese espacio que media entre la masa informe hecha de emociones, ideas, experiencias y un molde al cual nunca llegamos a dar la consistencia necesaria para atrapar eso que se nos escurre mientras marchamos.

Específicamente, ¿cuáles serían esos cambios?

En el primer libro: Las formas del olvido, tenía la necesidad de escribir sobre el olvido, es decir sobre la memoria, sobre la distancia que va de un término a otro, si es que tal distancia existe. Básicamente tenía necesidad de olvidar algo, no importa qué, como todos los seres humanos tenemos necesidad de no ver algo que nos duele. Cada poema explora distintas formas por las cuales el olvido podría alcanzarse, y como las formas de olvidar son variadas, las formas poéticas también lo son, ya hace mucho tiempo sabemos que la forma es el contenido en el arte. Claro que lo biográfico queda ahí, es decir, no cuento mi vida, los detalles que quiero olvidar, pues en ese caso el libro sólo tendría valor de diario íntimo y no tendría sentido publicarlo. Ahora, la experiencia de querer olvidar es, creo, universal, y es ahí donde tiene sentido que una experiencia vital se convierta en un libro. Volviendo a las diferencias entre un libro y otro, Mujer con fondo de agua es un libro cinco años posterior a Las formas…, por lo tanto son cinco años de experiencias vitales y artísticas. Algo del libro anterior pertenece, como algo de nosotros se conserva. El tema del olvido-memoria está ahí, pero de otra forma, ahora hay más libertad, menos restricciones de forma y de género. Si bien este es un libro de poesía puede rastrearse un andamiaje narrativo por detrás, una historia que va hilvanando los poemas y que incluso a veces aflora convirtiendo a la página decididamente en una narración; la historia o las historias entre un hombre y unas mujeres a las que hubiera querido retratar si tuviera el talento de un pintor. Pero también hay drama en el sentido griego del término. Hay juegos verbales y metáforas más complejas que implican otro nivel de exigencia. Además hay otro dominio de la sencillez, de aquello que puede decirse casi sin artificios y aun así seguir siendo poético. Sencillamente madurez y experiencia, quizás algo de vejez también.

¿Qué se podría decir de la poética de Rafael Fernández?

Si dijera que hay una poética personal estaría contradiciendo lo que he dicho hasta ahora con respecto a mi concepción existencialista de la vida y del arte. Mi poética puede definirse con la siguiente frase de Nietzsche: “Las convicciones son prisiones”.

¿Cuáles son tus autores de referencia?

Mis autores de referencia son todos los que he leído, visto u oído, para bien o para mal. Sólo para citar algunos: Bradbury, Discépolo, Borges, Velázquez, Quevedo, Cervantes, Lorca, Huidobro, Dalí, Charlie Kaufman (guionista de “El eterno resplandor de una mente sin recuerdos”), Sartre, El cuarteto de Nos, Miguel Barnet (poeta cubano), Mary Shelley, Cazuza, etc., etc., etc.

¿Trabajás otros géneros además de la poesía?

La escritura en realidad es una sola. Esto de los géneros es muy arbitrario. Hoy me siento más cómodo con la poesía, con el verso, pero ya mencioné que detrás de lo que escribo hay otras estructuras que subyacen y afloran. También escribo textos decididamente narrativos, pero en ellos es posible notar lo que podría clasificarse, por el tono, por el ritmo, por el lenguaje en definitiva, como marcas del género lírico. Yo escribo, o intento escribir literatura, eso es todo.

1 comentario:

celene fenandez dijo...

mi nombre es celene fernandez lorda me gustaria conocerte y tener noticias tuyas